martes, 28 de diciembre de 2010

Como todo cambia en 365 días.



Me senté a pensar en la cama, después de días sin darme si quiera ese placer tan individual e íntimo, y miraba lo que tengo alrededor como tratando de ser un espectador de mi vida, como si por ahí estuviera una cámara de cine lista para grabar las etapas de mi vida, en esta escena… la meditación.

Comencé a recordar al Rodrigo de hace 365 días atrás y una mezcla entre emoción o tristeza se apoderaron de mi semblante, hace 365 días yo estaba siendo despedido por “no ser bueno en lo que es necesario”, recuerdo bien los papeles sobre la mesa y la cara de mi jefe diciéndome que “a veces uno tiene que plantearse si lo que está haciendo es para lo que está destinado a hacer”; la emoción no es por el recuerdo sino por la diferencia que hay ahora. Después de 365 días de esa fecha, me mentalicé a ser mejor y convertirme en “lo que debía ser”… alguien apto para el puesto.

Ahora la situación es diferente, soy parte del tramo superior de todos, tengo la opción de ganar un premio grande por mi buena gestión, he realizado cosas en pocos meses que no fui capaz de hacer en 2 años… en fin, una seguidilla de buenas cosas que he logrado y me tienen orgulloso de lo que soy ahora.

La vida laboral no es fácil y menos lo es cuando la cuota de inmadurez toma el toro por los cuernos cuando no corresponde, ahora me siento más viejo maduro y eso es parte importante de todo esto. Mi balance me dejó con utilidades que se acaban cuando giro la hoja del taco y aparece un “1” en primera hora, si… es el indicio que comienza un nuevo mes, nuevos desafíos.

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